Experiencia erótica en la era digital


El advenimiento de lo digital en todos los espacios de nuestra vida ha supuesto cambios radicales en la forma de relacionarnos con los otros y con nosotros mismos. Los procesos automatizados introducidos con la tecnología tienen aspectos positivos para la idea de progreso de la modernidad, pero también acarrea efectos negativos en nuestro interior y por ello merecen una reflexión; tal es el caso del erotismo. A la luz de la conceptualización del erotismo de George Bataille como la afirmación de la vida después de la muerte, es posible profundizar en las ideas del autor considerando la nueva época digital, descrita por Byung Chul Han como aquella en donde se prescinde de la alteridad, lo que nos termina des-erotizando. Al respecto, se sostiene que es necesario replantear el sentido erótico de Bataille considerando la revolución digital con el fin de buscar herramientas que nos permitan una vivencia erótica que reconozca nuestras cualidades. En este blog se propone que la principal razón para releer la teoría erótica batalliana en la era digital es la erradicación del Otro en las nuevas formas de convivencia digital. Todo esto siempre en el marco de la búsqueda del hombre de nuevas formas de abstraerse a sí mismo.

En esta entrada se busca identificar las razones por las que el erotismo de George Bataille debe ser releído en el contexto digital. Para iniciar la comprensión del problema, Bataille suscribe el erotismo como una experiencia interior que surge por el acercamiento trascendental con un otro. Estos encuentros ocurren cuando experimentamos momentos de continuidad, por ejemplo, el que viven los padres al ver nacer a sus hijos o un explorador cuando descubre un destino inesperado, así como el sentimiento experimentado en el encuentro sexual entre personas amadas. En cada uno de estos acontecimientos, asoma la paradoja del erotismo: entre el éxtasis y el miedo al darnos cuenta del abismo que nos separa con los otros. No obstante, estos encuentros son sagrados porque rompen con lo rutinario, además éstos son gobernados por la incertidumbre y por la suspensión del tiempo (¡nada sabemos acerca del resultado final!). En la genealogía del erotismo en Las lágrimas de Eros, Bataille nos muestra los sentimientos de miedo y exaltación del hombre primitivo al ser consciente de la superación biológica del acto sexual. La historia nos muestra que lo erótico siempre es algo más, aunque en ningún caso se relaciona con la metafísica o con algún dios. Dado que surge ante la contemplación del otro, lo erótico es un acontecimiento que rompe la rutina profana de la vida, permitiendo pensar en una continuidad efímera que tiene un carácter sagrado: nos posibilita el acercamiento con otros aceptando el misterio y la perdida de ganancias que ello implica. Es este anhelo de superación de los preceptos que nos arraigan en el mundo la razón de su condición transgresora, ya que siempre implica romper con nuestro estado de discontinuidad inmanente. Como señala el autor en Teoría de la religión, la naturaleza es el mejor ejemplo de esta condición: los seres nacen y mueren sin sentido, por lo que todo es despilfarro y nada permanece o incrementa. Otro aspecto para destacar es que Bataille es crítico de su época, y es enfático en señalar que los sistemas económicos y religiosos han buscado reducir la parte animal y sagrada del hombre des-erotizándolo y profanándolo, mientras que han acrecentado su espíritu calculador y maximizador. Ve que la falta de espacios o momentos transgresores lo reducen a una mera función o a una parte del engranaje del sistema.

La visión del autor del erotismo y la crítica a su época es clara, sin embargo, aun cabe preguntar cómo la concepción batalliana de erotismo se puede repensar en el contexto digital. Para Byung Chul Han el mundo digital supone una nueva forma de existencia bajo el paradigma del positivismo, dejando atrás al homo faber arendtiano, que intentaba mantener el orden de las cosas. Para el autor, en lo digital no hay término ni fin gracias a la obsolescencia de lo material, por lo que se difuminan los límites que nos separan unos a otros haciendo que todos estemos cerca. Esto va acompañado con la promesa de instaurar procesos eficientes gracias a la inteligencia artificial y a otros mecanismos de automatización que nos hacen más productivos en todos los ámbitos de nuestra vida, garantizando una disposición del tiempo beneficiosa para el ocio. Sin embargo, sucede todo lo contrario: se erradican los espacios de ocio, de transgresión y de erotismo porque todo el quehacer humano debe enmarcarse en lo productivo, en lo eficiente. Lo sorprendente para Han, y a diferencia de la crítica de Bataille, es que ya no necesitamos sistemas económicos ni religiones para someternos a la doctrina del cálculo, puesto que nosotros mismos somos quienes escogemos esta nueva forma de ver la vida y relacionarnos, a esto lo llama el cambio desde una sociedad disciplinaria a una del rendimiento (Han, 2012: 6). Es precisamente este sujeto, descrito con más exhaustividad en La sociedad de la transparencia (2012), incapaz de vivir lo erótico, ya que gasta toda su existencia en trabajar, sin tiempo ni ganas para amarse a sí mismo ni a otros. Como consecuencia de la erradicación de su yo interior, prefiere rechazar cualquier tipo de relación que involucre distancia, misterio y lidiar con lo impredecible.



En lo digital, donde todo está a un clic, el otro desaparece y se rompen las fronteras de la privacidad y la identidad: todo es expuesto y ya no hay misterio. Para Han, esta sobre exposición del Yo resulta en que vivamos en un infierno de lo igual, y advierte sobre el potencial avocamiento del hombre a sí mismo producto de la ausencia de límites. Así, ya no es necesario siquiera salir de nuestro hogar porque todo lo podemos obtener a través del juego de la elección de nuestros teléfonos. Esto se contrapone con la concepción antropológica batalliana de que la realidad del hombre es material- aquí y en este momento-. Por tanto, ¿cómo vivimos la experiencia en un mundo sin los límites de la materialidad? Y ¿cómo vivimos el erotismo si nosotros mismos erradicamos el espacio de la perdida por la hiperproductividad?

Para Han estamos en una relación con otros mediatizada por la información y nos reducimos a meros transmisores de ella. El hombre digital juega a escoger a través de aparatos tecnológicos de forma aparentemente libre, reduciendo la relación con los otros a una interacción meramente informativa: publicamos nuestras fotos en Instagram, enviamos mensajes a nuestros seres queridos vía WhatsApp y hacemos videollamadas, todo de forma instantánea y sin barreras geográficas. Nuestras necesidades inmediatas son satisfechas de forma eficaz y productiva; si tenemos hambre podemos pedir alimentos por las aplicaciones desde nuestros teléfonos, inclusive podemos obtener sexo casual o probar algoritmos de recomendación de pareja en un sentido romántico. Así, el encuentro con el otro es inmaterial e intermediada por lo digital de forma eficiente, instantáneo y transparente: nos muestra todo sobre el otro en modo informativo. En este contexto, ¿Cuándo fue la última vez que una experiencia digital te hizo sentir vértigo, no control?

Como consecuencia, el triunfo de lo digital provoca un profundo aislamiento del sujeto ¿Cómo es posible la experiencia erótica en este contexto? Como se indicó, el erotismo para Bataille es una experiencia interior que se expresa en la realidad material porque solo es posible con otros, sin embargo, en la era digital la materialidad está puesta en cuestión ya que la comunicación instantánea emerge a través de conexiones inalámbricas y las necesidades son satisfechas en el juego del nuevo hombre. Así, a diferencia de las actividades profanas, que en la lógica moderna quedan relegadas a todo lo productivo y útil para el mantenimiento de la vida, el erotismo es un rito sagrado porque en su sentir más profundo implica únicamente perder -perder la razón moderna-. 

Ciertamente la falta de otro nos produce frustración y quedamos en un estado de sedentarismo ante la ausencia de voluptuosidad frente a la vida. En este sentido, ¿Puede existir erotismo donde nada se arriesga y nada se pierde?


Referencias

Bataille, G. (2010). El Erotismo. Buenos Aires: Tusquets Editores.

     _______(2018). Teoría de la Religión. Barcelona: Taurus

    ________(1961) Las lágrimas de Eros

Han, B. (2014). La agonía del Eros. Barcelona: Herder.

       ______(2021). No cosas. Barcelona: Taurus.

       ______(2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.

       ______ (2013). La sociedad de la transparencia. Barcelona: Herder.


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